HOMENAJE DE AZORÍN A DON MIGUEL.
“Cervantes
ha visto continuado en su persona el sino familiar: ha fracasado constantemente en la vida. No se ha correspondido a su comportamiento en Lepanto; ha estado en un tris el perderlo todo definitivamente; ha sido llevado como esclavo a Constantinopla; se ha visto antes, en
sus malogros de evasión, cerca de la muerte; no le dan ningún
destino descansado y honroso en España; no se atiende a su petición
de que se le confiera un cargo en Indias; se casa infelizmente en un
pueblo; vive lo más del tiempo separado de su mujer; se ve alcanzado
por la quiebra de un banquero; no puede rendir cuentas a satisfacción
de quien se las pide; le procesan y lo encarcelan; le ocurre un lance
terrible en Valladolid; un libro suyo se vende, y todos lo aplauden;
pero apenas le da dinero; ha representado antaño unas comedias, y
ahora no quiere nadie estrenar algunas que ha escrito; las tiene que
vender a un librero por algunas monedas; unos compañeros de quienes
esperaba un empleo, no le cumplen sus promesas; le corresponden con
la más negra ingratitud; es ya viejo, y no quiere de él nadie. Y en
su casa, una casa «antigua y lóbrega», aquí en Madrid, medita, ya
en el umbral de la muerte, en su triste sino. Escribe entonces la
página más tenue, más fina, más delicada que ha salido en toda su
vida de su pluma”.
AZORÍN
Aquí se transcribe ^^la página más tenue, más fina, más delicada que ha salido en toda su vida de su pluma^^, a la cual hace referencia Azorín. Es el PRÓLOGO AL PERSILES de Don Miguel de Cervantes.
Estos párrafos fueron escritos un día después de que le diera un cura la extremaunción, y cuatro antes de encontrarse con el Altísimo. Si tanto el contenido de estas líneas como las duras circunstancias en las fueron pergeñadas no estuvieron orquestadas por la mano de Dios, que baje Él hoy y lo vea...; lo relea y lo recuerde, mejor.
==============================================================
"""Sucedió,
pues, lector amantísimo, que, viniendo otros dos amigos y yo del
famoso lugar de Esquivias, por mil causas famoso, una por sus
ilustres linajes y otra por sus ilustrísimos vinos, sentí que a mis
espaldas venía picando con gran priesa uno que, al parecer, traía
deseo de alcanzarnos, y aun lo mostró dándonos voces que no
picásemos tanto. Esperámosle, y llegó sobre una borrica un
estudiante pardal, porque todo venía vestido de pardo, antiparas,
zapato redondo y espada con contera, valona bruñida y con trenzas
iguales; verdad es, no traía más de dos, porque se le venía a un
lado la valona por momentos, y él traía sumo trabajo y cuenta de
enderezarla.
Llegando a nosotros dijo:
-¿Vuesas mercedes van a
alcanzar algún oficio o prebenda a la corte, pues allá está su
Ilustrísima de Toledo y su Majestad, ni más ni menos, según la
priesa con que caminan?; que en verdad que a mi burra se le ha
cantado el víctor de caminante más de una vez.
A lo cual
respondió uno de mis compañeros:
-El rocín del señor Miguel de
Cervantes tiene la culpa desto, porque es algo qué pasilargo.
Apenas
hubo oído el estudiante el nombre de Cervantes, cuando, apeándose
de su cabalgadura, cayéndosele aquí el cojín y allí el
portamanteo, que con toda esta autoridad caminaba, arremetió a mí,
y, acudiendo asirme de la mano izquierda, dijo:
-¡Sí, sí; éste
es el manco sano, el famoso todo, el escritor alegre, y, finalmente,
el regocijo de las musas!
Yo, que en tan poco espacio vi el grande
encomio de mis alabanzas, parecióme ser descortesía no corresponder
a ellas. Y así, abrazándole por el cuello, donde le eché a perder
de todo punto la valona, le dije:
-Ese es un error donde han caído
muchos aficionados ignorantes. Yo, señor, soy Cervantes, pero no el
regocijo de las musas, ni ninguno de las demás baratijas que ha
dicho vuesa merced; vuelva a cobrar su burra y suba, y caminemos en
buena conversación lo poco que nos falta del camino.
Hízolo así
el comedido estudiante, tuvimos algún tanto más las riendas, y con
paso asentado seguimos nuestro camino, en el cual se trató de mi
enfermedad, y el buen estudiante me desahució al momento,
diciendo:
-Esta enfermedad es de hidropesía, que no la sanará
toda el agua del mar Océano que dulcemente se bebiese. Vuesa merced,
señor Cervantes, ponga tasa al beber, no olvidándose de comer, que
con esto sanará sin otra medicina alguna.
Eso me han dicho muchos
-respondí yo-, pero así puedo dejar de beber a todo mi beneplácito,
como si para sólo eso hubiera nacido. Mi vida se va acabando, y, al
paso de las efeméridas de mis pulsos, que, a más tardar, acabarán
su carrera este domingo, acabaré yo la de mi vida. En fuerte punto
ha llegado vuesa merced a conocerme, pues no me queda espacio para
mostrarme agradecido a la voluntad que vuesa merced me ha
mostrado.
En esto llegamos a la puente de Toledo, y yo entré por
ella, y él se apartó a entrar por la de Segovia.
Lo que se dirá
de mi suceso, tendrá la fama cuidado, mis amigos gana de decilla, y
yo mayor gana de escuchalla.
Tornéle a abrazar, volvióseme a
ofrecer, picó a su burra, y dejóme tan mal dispuesto como él iba
caballero en su burra, a quien había dado gran ocasión a mi pluma
para escribir donaires; pero no son todos los tiempos unos: tiempo
vendrá, quizá, donde, anudando este roto hilo, diga lo que aquí me
falta, y lo que sé convenía.
¡Adiós, gracias; adiós,
donaires; adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y
deseando veros presto contentos en la otra vida!""".
Cervantes
Vale.
Y mucho.
───────────────────────────────────
© Rafael Mariano Domínguez Fraile
No hay comentarios:
Publicar un comentario