sábado, 6 de mayo de 2017

UNA MUY BUENA DE CHESTERTON







«El hombre moderno es semejante al viajero que olvida el nombre de su destino y tiene que regresar al lugar del que partió para averiguar incluso dónde se dirigía».

G.K. Chesterton

«Uno, con aspecto de viajero, se me acercó y me dijo: ¿Cuál es el recorrido más corto de un lugar al mis­mo lugar?
Tenía el sol de espaldas, de manera que su cara era ilegible.
–Quedarse quieto, naturalmente –dije.
Eso no es un trayecto –replicó-. El trayecto más corto de un lugar al mismo lugar es la vuelta al mundo –y se fue.


White Wynd había nacido y crecido, se había casa­do y convertido en padre de familia en la Granja Whi­te junto al río. El río la rodeaba por tres lados como si fuera un castillo: en el cuarto estaban las cuadras y más allá la huerta y más allá un huerto de frutales y más allá una tapia y más allá un camino y más allá un pinar y más allá un trigal y más allá laderas que se juntaban con el cielo, y más allá… pero no vamos a enumerar el mundo entero, por mucho que nos tiente. White Wynd no había conocido más hogar que éste. Para él sus muros eran el mundo y su techo el cielo.
Por eso fue tan extraño lo que hizo.

En los últimos años apenas cruzaba la puerta. Y a medida que aumentaba su desidia le aumentaba el de­sasosiego: estaba a disgusto consigo mismo y con los demás. Se sentía, en cierta extraña manera, hastiado de cada instante y ávido del siguiente.

Se le había endurecido y agriado el corazón para con la esposa y los hijos a los que veía a diario, aunque eran cinco de los rostros más bondadosos del mundo. Recordaba, en destellos, los días de sudor y de lucha por el pan en que, al llegar a casa al atardecer, la paja de la techumbre ardía de oro como si hubiese ángeles allí. Pero lo recordaba como se recuerda un sueño.

Ahora le parecía que podía ver otros hogares, pero no el suyo. Éste era meramente una casa. El prosaísmo había hecho presa en él: le había sellado los ojos y ta­pado los oídos.

Finalmente algo aconteció en su corazón: un vol­cán, un terremoto, un eclipse, un amanecer, un dilu­vio, un apocalipsis. Podríamos acumular palabras des­comunales, pero no nos acercaríamos nunca. Ochocientas veces había irrumpido la claridad del día en la cocina desnuda donde la pequeña familia se sentaba a desayunar al otro lado de la huerta. Y a la ochocientas una el padre se detuvo con la taza que es­taba pasando en la mano.

–Ese trigal verde que se ve por la ventana –dijo so­ñolientamente-, relumbra con el sol. No sé por qué… me recuerda un campo que hay más allá de mi hogar.
¿De tu hogar? —chilló su esposa—. Tu hogar es éste.
White Wynd se levantó, y pareció que llenaba la estancia. Alargó la mano y cogió un bastón. La alargó de nuevo y cogió un sombrero. De ambos objetos se levantaron nubes de polvo.
–Padre –exclamó un niño-, ¿adónde vas?
–A casa –replicó.
–¿Qué quieres decir? Ésta es tu casa. ¿A qué casa vas?
A la Granja White junto al río.
—Es ésta.
Los estaba mirando tranquilamente cuando su hija mayor le vio la cara.
¡Ah, se ha vuelto loco! –exclamó, y se cubrió la cara con las manos.
–Te pareces un poco a mi hija mayor –observó el padre con severidad-. Pero no tienes la mirada, no, no esa mirada que es una bienvenida después de una jor­nada de trabajo.
–Señora –continuó volviéndose hacia su atónita es­posa con ceremoniosa cortesía-, le agradezco su hos­pitalidad, pero me temo que he abusado de ella dema­siado tiempo. Y mi casa…
–¡Padre , padre, por favor, respóndeme! ¿No es ésta tu casa?

El anciano movió vagamente el bastón.
Las vigas están llenas de telarañas y las paredes es­tán manchadas de humedad. Las puertas me aprisio­nan, las vigas me aplastan. Hay mezquindades y dis­putas y resquemores ahí detrás de las rejas polvorientas en que he estado dormitando demasiado tiempo. Aunque el fuego brama y la puerta está abierta. Hay comida y ropa, agua y fuego y todas las artes y miste­rios del amor allá en el fin del mundo, en la casa donde nací. Hay descanso para los pies cansados en el suelo alfombrado, y para el corazón hambriento en los ros­tros puros.

–¿Dónde, dónde?
En la Granja White junto al río.
Y traspuso la puerta, y el sol le dio en la cara.
Y los demás moradores de la Granja White perma­necieron mirándose los unos a los otros.
White Wynd estaba detenido en el puente de tron­cos que cruzaba el río con el mundo a sus pies. Y una fuerte ráfaga de viento vino del otro límite del cielo (una tierra de oros pálidos y maravillosos) y lo alcanzó. Puede que algunos sepan lo que es para un hombre ese primer viento fuera de casa. A éste le pare­ció que Dios le había tirado del cabello hacia atrás y lo había besado en la frente.
Se había sentido hastiado de descansar, sin saber que el remedio entero estaba en el sol y el viento y en su propio cuerpo. Ahora casi creía que llevaba puestas las botas de siete leguas.

Iba a casa. La Granja White estaba detrás de cada bosque y detrás de cada cadena de montañas. La buscó como buscamos todos el país de las hadas, en cada vuelta del camino. Únicamente en una dirección no la buscaba nunca, y era en la que, sólo mil yardas atrás, se levantaba la Granja White, con la techumbre de paja y las paredes encaladas brillando contra el azul ventoso de la mañana.

Observó las matas de diente de león y los grillos y se dio cuenta de que era gigantesco. Somos muy dados a considerarnos montañas. Lo mismo son todas las co­sas infinitamente grandes e infinitamente pequeñas. Se estiró como un crucificado en una inmensidad inabarcable.

–Oh, Dios, creador mío y de todas las cosas, escucha cuatro cantos de alabanza. Uno por mis pies que me has hecho fuertes y ligeros sobre Tus margaritas; otro por mi cabeza, que me has alzado y coronado sobre las cuatro esquinas de Tu cielo; otro por mi corazón, del que has hecho un coro de ángeles que cantan Tu glo­ria, y otro por esa perlada nubecilla de allá lejos sobre los pinos de la montaña.
Se sentía como Adán recién creado: de repente ha­bía heredado todas las cosas, incluidos los soles y las estrellas.
¿Habéis salido alguna vez a pasear?
* * * * *
El relato del viaje de White Wynd podría ser una epopeya. Se lo tragaron por las grandes ciudades y fue olvidado: pero salió por el otro lado. Trabajó en las canteras y en los muelles país tras país. Como un alma transmigrante, vivió una sucesión de existencias: una partida de vagabundos, una cuadrilla de obreros, una dotación de marineros, un grupo de pescadores, lo consideraron el último acontecimiento de sus vidas, el hombre alto y delgado de ojos como dos estrellas, las estrellas de un antiguo designio.

Pero jamás se apartó de la línea que circunda el globo.
Un atardecer dorado de verano, sin embargo, se topó con lo más extraño de todos sus viajes. Subía pe­nosamente una loma oscura que lo ocultaba todo, como la misma cúpula de la tierra. De pronto lo invadió un extraño sentimiento. Se volvió a mirar hacia la vasta extensión de hierba para ver si había alguna linde, porque se sentía como el que acaba de cruzar la frontera del país de los elfos. Con un carillón de pasiones nuevas repicándole en la cabeza, asaltado por recuerdos confusos, llegó a lo alto de la colina.

El sol poniente irradiaba un resplandor universal. Entre el hombre y él, allá abajo en los campos, había lo que parecía a sus ojos anegados una nube blanca. No, era un palacio de mármol. No, era la Granja White junto al río.
Había llegado al fin del mundo. Cada lugar de la tierra es principio o fin, según el corazón del hombre. Ésa es la ventaja de vivir en un esferoide achatado por los polos.
Estaba atardeciendo. La loma herbosa en la que es­taba se volvió dorada. Tuvo la sensación de que se ha­llaba en medio de fuego en vez de hierba. Estaba tan quieto que los pájaros se posaron en su bastón.

Toda la tierra y su esplendor parecían celebrar el regreso al hogar del lunático. Los pájaros que volaban hacia sus nidos lo conocían, la Naturaleza misma esta­ba en su secreto: era el hombre que había ido de un lu­gar al mismo lugar.
Pero se apoyaba con cansancio en su bastón. En­tonces alzó la voz una vez más:

–Oh, Dios, creador mío y de todas las cosas, escucha cuatro cantos de alabanza. Uno por mis pies, por tener­los doloridos y lentos, ahora que se acercan a la puerta; otro por mi cabeza, por tenerla inclinada y cubierta de canas, ahora que Tú la coronas con el sol; otro por mi corazón, porque le has enseñado con el dolor y la espe­ranza dilatada que es el camino lo que hace el hogar, y otro por esa margarita que hay a mis pies.

Descendió por la ladera y se adentró en el pinar. A través de los árboles pudo ver la roja y dorada puesta de sol posándose en los blancos edificios de la granja y en las verdes ramas de los manzanos. Ahora era su ho­gar. Pero no pudo serlo hasta que se fue de él y hubo regresado. Ahora él era el Hijo Pródigo.

Salió del pinar y cruzó el camino. Saltó la tapia baja y se metió por entre los frutales, atravesó el huerto y pasó los establos. Y en el patio empedrado vio a su es­posa que sacaba agua».



G.K. Chesterton ***NOSTALGIA DEL HOGAR [El relato del viaje de White Wynd]***







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©  Rafael Mariano Domínguez Fraile



viernes, 2 de diciembre de 2016

2029


         2029





>>Existe hoy esa subespecie de persona humana, que tiende incesantemente lazos y puentes hacia su pariente próximo el borrego, los cuales [lazos y puentes] le permiten vivir allende toda responsabilidad y en un mundo donde todo es: Búsqueda incesante de culpables; Quejas herrumbrosas, miserables (balidos al borde de despeñadero); Lánguidas, ovejunas y vacuas miradas hacia el pastor o su perro afín, intentando buscar un hilo de razón, asentimiento o asidero en su maldito y rumiante quehacer; Amaneceres plomizos y proteicos, que lastran el redil hacia zonas pastuencas, raídas, comunes, comunales..., nada proteínicas, y que abonan sin azúcares dos lóbulos ya de por sí faltuscos en las Batuecas y desmejorados urbi et orbi. Esta ganadería que desgasta trochas y red pecuaria es la que clama empinada, con hondo dolor de sus cervicales, a su inquietante Cielo para exigir que haya en su comedero una ración de heno por la patilla. Estos adanistas mostrencos en su metálico discurso diario ante micrófono Magneti Marelli años 30 aburren hasta a sus incondicionales y tintadas de morado abuelas. Se erigen adalides in pectore de todo el inventario de causas perdidas habidas en el sumario de todo noticiario a las tres. Se camuflan tras el término Gente y proclaman trabajar para algo tan impersonal como Ella; eso sí, sin bosquejar un solo brochazo que haga pensar que, aunque con un estilo diferente, heterodoxo, el testero del tajo en liza quedará pintado. Ni bien ni mal, pintado..., sólo pintado.

Ganado rancio, maloliente --destinado a baños rebajados con Zotal--, con bolitas en la ropa, corbatitas de gomilla y sarro a los treinta y tantos... Le bailan el agua al chino, al Papa ultramontano y a sus amigotes del alma del coño sur; mientras, sus ayos, en sus enmoquetados chiringuitos periodísticos, mass medias --¡Más Medias, please!-- y cuentas de resultados en fulgurante "¡Hasta la victoria y la ruina subvencionada, siempre!", los envalentonan procurando que sus niñatos en la Puerta del Sol reediten la Place de la Concorde del ylustrado 1789. Trileros de mercadillo , vendedores de crecepelo más allá del Pecos, Uri Geller´s a todo color en LG´s cóncavas...<<

En su emborronado y amarillento manuscrito que conservaba aún desde hacía tres lustros, encartado en su 1984 de Orwell, derramó algunas lágrimas antes del asalto final. Durante los últimos quince años, leyes tan fascistas, anacrónicas y aberrantes, como la constante y fervorosamente retocada de Violencia de Género (de sexo, para estos últimos de Filipinas), con vientos de costado para unas y empopadas contra todos, habían terminado calando y desmoronando toda la estructura social. Fueron muy pocas las mujeres que NO sucumbieron a aquel Hamelín que les proponía venganza histérica sobre la historia que el flautista melodiaba. Como ratones a un apestoso queso azul se abalanzaron dos generaciones consecutivas: la de las madres y la de sus camadas. Recordaba, el apesadumbrado y roto francotirador, el último lustro como algo estomagante, pues una de las postreras añadiduras a la ultramontana ley fue lo que sigue: "...aquella mujer que en ámbito público o privado tenga certeza sobre si la mirada, aún de soslayo, que cualquier macho le dedica es amenazante o simplemente inadecuada, a su criterio, podrá pulsar instantáneamente el botón rojo de su pulsera y el autor entrará de modo sumario en prisión"...

Qué tremendo y duro resultó ser todo esto, todo aquello, para ese ramillete de mujeres cabales nacidas allá por la década de los sesenta del siglo pasado, y desmarcadas motu proprio del anteriormente relatado establishment --recordó el apostado y derrengado francotirador  sobre la torre de vigía--. No sólo les tocó nadar contracorriente, sino que sufrieron las consecuencias económicas de un sistema de pensiones en quiebra, en un Estado descompuesto. Ellas, que decidieron salir durante su juventud del mullido hogar y se batieron el cobre en campos no precisamente de lis y lavanda. Ellas, puntas de lanzas de razonables reivindicaciones, acunadas y adormecidas durante siglos y puestas en marcha durante su generación. Ellas, contribuyentes activas a una S.S. que llegada la hora les trocó telarañas por parné. Ellas, enrasadas al fin en infartos y Gólgotas sanitarios con sus compañeros de camino. Ellas, desconcertadas, desencantadas, capitidisminuidas y vulnerables en un mundo a la deriva. Ellas, que a los setenta ya no ostentaban mayoritariamente el título de viudez.

A los ocho años de Trump le habían seguido cinco --de momento-- de su engurruñada y enigmática esposa. En lo que ellos llamaban América no volvió a entrar ni una chincheta china; aprendieron por fin a cultivar el olivo y a apacentar guarros no de San Francisco sino 5J; floreció de nuevo la marchita Detroit; de la 7ª a la 2ª Flota fueron saldadas a los mejores postores, software de los buques con gusanos y troyanos incluidos y sin posibilidad de repuestos; con la Primera Flota les bastó para tener salvaguardadas sus dos costas de cualquier tentación externa; la endogamia económica yankee lamía sus heridas entre asbestos, rentables barrizales y bolsas pedorras de gas. Cuba siguió pasando de mano en mano, con la simple premisa de la New Age comunista: Que el chulo de turno tocara bien las gónadas unas pocas millas al norte de Santiago. Putin, después de no mucho pensarlo, visitó al neurótico cirujano plástico de Bruce Jenner y Camilo VI; por adentro seguía igual: con serias dudas en la rifa de gases, trigos y petróleos entre los nietos de sus ex compañeros de la KGB... €uropa, empero pompero, no pudo sujetarse con espiches, alcayatas y destornilladores de hierro dulce amarillo. Los nietos de los del baby boom fueron 1/6 que sus abuelos: en número y letras... A los mejillones al vapor de Bruxelles, la fUNEStCO los proclamó no sé qué inmaterial e incomestible de la humanidad... Del Parlamento en el corazón del Benelux, de la ciudad más fea del universo --vosotras me lo permitiréis, Albacete y Castellón--, salieron leyes tales como aquella que otorgaba el título de profesor honoris causa de la Universidad de su pueblo a todo ciudadano por el simple hecho de nacer. El último grito del Sistema Educativo funcionaba así, de Lisboa a Helsinki: los infantes de siete años eran titulares de sus doctorados y portadores de sus becas sobre sus pechos, y culminaban ya medio padres con el "a e i o u"... Si las generaciones anteriores se habían iniciado con el catón, para culminar con veinticinco tacos dudando conjugar cualquier imperativo y cometiendo faltas de ortografía hasta hablando..., creyeron los del pastiche Uropeo, que invertir el proceso no daría ningún resultado pero quedaría original y molón, como aquella ya añeja peli del hoy orondo Pitt, Brad, en la que la mamá del prota lo echa por la puerta del patio con gayato e Indasec XXL.

En eso estaban, absortos en sus pensamientos, el manojito de septuagenarios, arriba, en el soberado de la casa que compartían, armados como los niños perdidos de Peter Pan, cuando vieron acercarse con muy malas intenciones a aquellos que se habían conjurado para arrebatarles hasta los calendarios de Playboy... Pañuelitos palestinos, camisetillas emporcadas con Ches y Fideles, flequillitos de orinal y mucho piojo, esa era la vanguardia, con calimocho y espaditas láser, que flanqueaba la propiedad a violar. El de la atalaya pudo elegir blanco; cerró los ojos y le temblaron las piernas cuando apareció una figura por la mira. Discriminó el tiro.





ana©asaenrama

diciembre2016

martes, 8 de noviembre de 2016

¿CARIÑO DESORDENADO?...






     La primera criatura nació durante uno de los primeros tachones de un febrero doloroso de frío; a la hora que el Hacedor dictó y sin concurso ni aquiescencia de quiromante o alineación de planeta alguno. Venía ya magra, compacta y preparada para la lucha más allá de la maternal caverna. Por el modo como enchufó esta desesperada hembra los primeros calostros de su madre, barruntó, el que todo en un segundo plano observaba, que la criatura haría bueno durante su existencia aquello de la Voluntad de Poder. Le resultó antipática y descarada, de entrada...

     Muy justo le vino, en aquel ya lejano mismo amanecer, el segundo abultamiento de la vulva a la que reintentaba de memoria y carrerilla el milagro de seguir dando Vida. Tiempo, al que todo lo observaba en cuclillas, sí que le dio de volver a incendiar con alcohol --como displicente y anacrónico practicante-- las tijeritas que inauguraban una aséptica nueva vida. Hembra también, como la que media hora escasa hacía, ayudado a alumbrar había. El improvisado comadrón pudo intuir que la segunda cría, Blanquita, en la lucha por el mejor surtidor de la madre,  se llevaría desplantes y empellones de la primogénita, amén de escasa leche.

     Bastaron sólo diez soles de aquel enjuto, arrecido y encogido febrero, para que la hermana de Blanquita le doblara en gramos. La irracional ojeriza del amo hacia la mayor, en un intento por corregir con melindres semejante hándicap, no le iba a la zaga ni en desproporción. La Naturaleza y el Sino se impusieron en todo su abanico malhadado, según habitual y humano criterio. Y durante el undécimo gélido atardecer de sus existencias, Bimba --la mayor--, encima, aplastando, en un receso y descuido de su madre, quiso hacer rescoldo y cisco con su indefensa gemela. El alambrito, que por costilla tiene un animal tan tierno, horadó un pulmón... Blanquita expiró sobre el pecho de su amo con un cri-cri como de grillo un domingo a la hora del ángelus.

     La antipatía hacia la negra Bimba duró lo que tardaron el amo y su hijo en dar somera tierra a aquella perra hermana por hacer.

     

                           Siempre entre brumas lo complicado...


   
                 A ver quién NO iba a querer al trasto...
  

                             La Reina Madre: Mía


                               ¡Bimba forever!







                       Un Equipo de dos: Mía y Bimba 





                                Un Trío de mucho cuidado...


¿Cariño desordenado...? ¿Vuelco errado de los sentimientos...? ¡NO! Agradecimiento hacia una especie que nos hace más ligero el camino.
     

                                          Y LA LIGA DE LOS SERES INMISERICORDES.




ana©asaenrama

noviembre2016


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martes, 1 de noviembre de 2016

MOSCAS... EN NOVIEMBRE.







     Creo que el otoño es la peor estación del tren de la vida. Si no, ¿por qué durante su parada ocurre que se nos termina por caer casi todo...?; hasta el irrisorio saldo de nuestra cc, cuando pasados los Santos se nos aparece el malaje del socialdemócrata Montoro con su disfraz de recaudador y el "¿Qué hay de lo mío?: ¡el 2º plazo del IRPufffff!".


                           
    

     Tuvo que ser durante el decadente otoño de 1990 cuando se publicó la nefasta LOGSE. Ésa que ha amamantado y dado luz de gas a las últimas hornadas de diplomados y licenciados. Ésa que permitió convivir bajo un mismo techo, y a la par, a lumbreras y los otrora recalcitrantes repetidores, amén de criaturas más bien de cotolengo. Maldita LOGSE, pasando tabla rasa sobre todo bípedo viviente; ama de leche de tanto rufián aforado.



     En el otoño de nuestras vidas desearíamos quedarnos permanentemente los que nacimos entre el 55 y el 70 del siglo XX, que somos legión, por cierto. Parar no el reloj, sino el tiempo: ese artificio como el de los Meridianos y los Paralelos, sin los cuales no hay Neptuno que se aclare. Fondear al atardecer en la calma y abrigada rada. Financiadas al fin nuestras vitales necesidades por las cotizaciones de chinos, exentos de todo menos de sonreír a lo bobalicón al tendido, y por las dos o tres generaciones patrias posteriores a nosotros, que las hemos hecho pírricas en tantos sentidos. Dese por bien jodido quien no haya pulido la virtud del judío: ahorrar. No hay que ponerse nervioso en el minuto 15 del 2º tiempo, no; han comenzado a saborear anticipadamente el descanso del guerrero los del 55, ya veremos las migajas del mantel que van quedando para los de los Chiripitifláuticos y los de Espinete... Cosas más extrañas se han visto, como que la Masa Monetaria no tenga valor (0,?%) y que el negocio bancario vaya a desaparecer: Hay un trasfondo de una ideología muy maliciosa detrás del hecho o la teoría de que el dinero no tenga valor y de que el ahorro es tóxico*, pues la conjugación en imperativo categórico que nos muestra no es otra cosa que "¡Consuman y derrochen y no piensen en el mañana!". Nada de enfriar la economía y dar treguas y tiempos de reflexiones hasta la próxima jugada: ¡A lo loco, a lo loco! Éso, y que mientras te pones al día con el muestrario de caderas (de titanio, sean malpensados) cotizarás --suena a Mandamiento-- por los siglos de los siglos.


     Pero la Vida siempre se abre paso; las ganas de vivir agudizan el ingenio, y Doña Fátima y Don Cristóbal son de nuestra generación y se harán sólidos con la causa, en el descuento... ¡Sí! Siempre la Imaginación hace su postrero nido en la política, incluso, y algún andobilla discurrirá acerca de un impuesto a favor de los Abuelos, como el €uro de la luz o el de los hidrocarburos, hablando con fineza.

     Tiempo --el Otoño-- de nostalgias. ¡Malo! <<La nostalgia y la esperanza son dos vicios simétricos del corazón>>. De nostalgias y parpadeos a media persiana. De no hacer acopio de una pizca de voluntad para tronchar conductas, posturas y tics enmerdados sólo por inercias comodonas y del "Qué dirán"... Tiempo de zarandas con el personal y la familia..., y ver lo selecto de la cosecha.


     ¡Ay, Otoño, otoño! Tú que ensamblas los cimientos de nuestras vidas con la techumbre reparadora. Tú que nos colocas de fiel fiel entre nuestros hijos y nuestros padres. Tú que en tus templados atardeceres nos haces vibrar con cada golpe de pulmón. Tú que ya nos acomodas entre el Cielo y la tierra... 


Un Bálsamo no me dirán que no soy.


ana©asaenrama


viernes, 7 de octubre de 2016

MOSCAS EN OCTUBRE





MOSCAS EN OCTUBRE



     El Sr. Gª(guión)Margallo –esa especie de primo hermano repipi del cual no pocos abominamos– se ha despachado con que en lo más alto del pódium de las prioridades para que se forme gobierno a la voz de ¡ya!, sean abordados, tal que perros piratas berberiscos, temas tan importantiquísimos como <<El Cambio Climático>> (Sic, sic, que ¡sí!). Con éso, y con lo de jugar con picardías al Monopoli y al “yo los tengo tan bien puestos como su Graciosa Majestad” a la vera del Estrecho. Así nos va.

     A diez meses ya de que el Sr. Rajoy –Mariano para su mujer y sus enemigos, valga la redundancia...– aguante en modo estoico el incesante embate de sus más acendrados y opinados asesores sobre “Ni te imaginas, Mariano, lo que ganaría el proceso de asimilación de la chusma sociata si le diéramos una manita de tinte a tu barbita, rico”... A diez meses –como aporreo– de tan profundo analís por parte del núcleo duro y con cacumen que rodea a don Mariano, nadie auguró en toda la muy sufrida piel de toro –ellos incluídos– que la solución estaba en incrustar a un tal snchz entre la cuarta y quinta fila del Hemiciclo. Está claro: Nadie cayó en que España ES un milagro muy apuntalado desde Covadonga y que la Virgen nos protege; que Pelayo sigue siendo un nombre muy hermoso para bautizar a un barón; que Fernández o Domínguez o Gutiérrezqueteveo harán ver y afearán a cualquier bastardo descendiente de Sancho, si fuese menester; y, por último o primero, que escribir, opinar, echar miles de horas en tertulias y redes sociales, está a precio de mamada en polígono industrial de Tomelloso. Entre diez y veinte €uros...

Yo tmb los quiero!!! A vostros/vds, digo.



ana©asaenrama


octubre2016

lunes, 23 de mayo de 2016

Editores, S. Ahhhhhhh!!!!! {O LA SIESTA DE DALÍ*}






Por muy Tenorio que me apellide no debo darme a estos festivales y desfases a estas horas vespertinas y aún caniculares. Ni siquiera estos gruesos muros de mampostería, de esta señorial alcoba renacentista, amortiguan la rabiosa fiebre de Lorenzo. ¡Qué ven mis luceros recién liberados de Morfeo!... El cantarillo de la fresca agua, allá en el alféizar, a la sombra del ajímez. Pero bien sé que es mayor mi derrengo que la necesidad de beber... Y encima, Aldonza a mi vera no excusa el embozo hasta la barbilla una vez hemos yacido… ¡Qué calenturiento recato, Dios mío, tras el desacato!... ¡Mírenla, pardiez! Si consciente fuera de que su señor Alminares puede estar al caer, no dormiría plácidamente cual confiado bebé. ¡Qué delicada potranca, qué maravilla de mujer! Aquí arrebolado el cabello, ni entresuda -ahora- su tez. Que diera aviso a la hora del ángelus el impresor Alminares -con la mucama Fátima- de que en el almuerzo de hoy no se dejaría ver, no significa que de un momento a otro a través del ojo de la ferradura nos pueda sorprender. ¡Qué horror!... Y mi sable toledano, vislumbrado tras el tul, mal colgando del dosel; gallumbos y blusón por tierra… ¡Que me aspen! ¿Quién osa lamer ahora con esa fruición mis desnudas muñecas, antebrazos incluidos, ahí abajo junto al fresco terrazo?... ¡Recoños!, dos chuchos enanos, traídos seguro del virreinato de Méjico, que remolonean con las babuchas del señor. ¡¡Despierta ya Aldonza!!, y explícame qué significa labrado en esos collares: "Cornudo" y "Apaleado"!!!!”


         
            


  • Deja en paz los abalorios y sus canes, que son el delirio de mi señor el impresor Alminares.
  • ¡Ay Aldonza! No me dabas esos mandobles con la almohada ni hace apenas media hora.
  • ¡Mira, Tenorio!, la sombra de la Giralda se nos cuela ya en el dormitorio.
  • ¡Pardiez!, que tu marido va a llegar de una vez.
  • ¡Calza y viste raudo!, que oigo de Alminares ya sus quedos pasos.
Carajo de profesión, de afición, en la que siempre termino gritando <<para qué os quiero pinreles>>. Las gárgolas, hoy sudando, de los tejados de Santa Cruz una vez más me saludan, me guiñan y me muestran cómplices mil trochas que los cornudos desconocen… ¡Ay por Dios!, que el impresor bien conoce los soberaos de la judería, si no…, no me alcanzaría” – Cae bellaco Tenorio al callejón y alivia la testa de tanto cabrón. “¡¡Aspidistras, helechos espada, clivias y costillas de Adán no me salvan del costalazo en el tartán!!”






  • ¡¡¡AldonzaaaaaiiiIIIIneeeéssss!!!!!
  • ¡Pepelu, Pepelu, mi amor, despierta! No puedes ponerte como el Kiko de salmorejo y dormirte un siestón en el despacho antes de un libro y la suya presentación. ¿Qué soñabas…, si se puede saber?
  • ¡Ay, Inés!..., qué vívida pesadilla; no le pongas tanto ajo al salmorejo, Cielo. Pues no que me la estaba pegando este cabronazo que viene, pero con los nombres trabucados…, creo.
  • ¡Anda, anda, Alminares!…, que te está esperando ya en el recibidor.
  • … ¿Ana Casaenrama?... ¡No se le habrá ocurrido traer los Chihuahuas?
  • … ¡¡Noo!!... Viene muy afeitadita “¡Ella!”, con estilismo a lo garÇon y la nuez sin poderla disimular del todo..., mi amor.
  • ¡Vaya!... Se me pasó ponerte en antecedentes… Es peculiar la muchacha… Hazlo pasar, ¡anda!


¡¡Hombreeee, Mariano!!, dieciocho los ojos que te ven. Qué tal el vuelo” “Tranquilo. Gracias, Pepelu… Pero vengo desconcertao… La librería del aeropuerto, mejor no la hubiese trasteado… Es como una librería de viejo pero a la menos uno… ¡Qué cosa más friki!, Alminares… Casi al peso el libro de la Esteban, por no hablarte de novelas apelotonás, como las del boli… ¡No me jodas, Pepelu!” “¿YYYYYY?” “Pues que yo he llegao a tu bendita casa con mi ración diaria de contacto consciente con la naturaleza: ten en cuenta que antes de coger el avión hacia Madrid me he dao un garbeo en bici por la huerta de Alboraya y he despachao con los llauraors, dando apretones a sabios callos al despedirme (1); faena creativa tengo por un tubo, creo: pero no me refiero a la escritura ni mucho menos, los tiros van, desde mis lecturas, por ejemplo, o desde hacerle un arroz al horno a mi familia con todo mi cariño, hasta perder toda una tarde conversando con un amigo (2); y lo más importante… Mientras tu mujer y yo nos reíamos en el recibidor de vuestra oficina, oyendo los desvaríos de tu siesta, he tenido una sensación raraa, raraa” “El diálogo es tuyo, Mariano; remata pues” “Pues…, que no siento la necesidad de ninguna presentación en la fnac o en el Corty para estar convencido de que hago cosas güenas en mi entorno…, para mi entorno (y3).” “Y yo diciéndole a Inés que eres peculiar… ¡Carajo de tío raro! ¡¡Anda, anda!!, vamos a tomarnos una horchatita antes de la presentación..., y ya veremos”


Fueron y se la tomaron.







* Según el artista, la siesta corta de media hora era efectiva para inspirarse.


sobre los textos
©  Rafael Domínguez Fraile  (ana casaenrama)




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